Imperial Cleaning

Gerardo Diego

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Indicación


Cuando venga la Primavera, si ya estuviera muerto. Si quieren pueden danzar y cantar a su alrededor. No tengo preferencias para cuando ya no pueda tener preferencias.

Vi como un loco. Y viviendo como hechizado no supe entonces que es lo mismo buscar apoyo en una sombra o confiar en una mujer. Voy donde el viento me lleva y no me siento pensar. Venga tu grito de transfigurado: Del texto al hipertexto. De lo lineal a lo radial. Del plano a la multidimensionalidad. De la lectura a la hiperlectura. Un hombre de una pieza. En fin que, como quiera, estoy de arte, que juzgo ya por hora menos fuerte, aunque en ella me vi, la que es pasada. Todo lo que hago no vale nada.

Yo amo lo Lejano y el Milagro, Amo los abismos, los torrentes, los desiertos.. Nunca se termina de aprender a leer. Tal vez como nunca se termine de aprender a vivir. Los ciclos celestiales en veinte siglos Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo. El mundo real comienza a desaparecer en el momento justo en el que empieza a existir. Amiga, no te mueras. Yo soy el que te espera en la estrellada noche. El que bajo el sangriento sol poniente te espera.

En la noche al espeso perfume de las rosas, cuando danza la ronda de las sombras inmensas. Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando el aire de la tarde como una boca besa.

El que trajo en los brazos jacintos amarillos. Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas. El que te llama desde las llanuras brotadas. Yo soy el que en la hora del amor te desea. El aire de la tarde cimbra las ramas altas. Retumba, atardecida, la queja azul del agua. Amiga, no te mueras! Tendido entre las hierbas yo soy el que te espera!

Lucho por volver a mi cuerpo, maltratado, herido por la vida y por mi, me castigo, incluso llego a odiarme. Pero lucho, lucho por volver a ese cuerpo debilitado, intento zarandearlo, despertar al dragon que se esconde dentro.

Es un sentimiento bueno, de libertad, puedo volar, puedo correr, puedo hacer lo que quiera, todo lo que la vida me ha quitado. La cebolla es escarcha cerrada y pobre: Con sangre de cebolla se amamantaba. Una mujer morena, resuelta en luna, se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Es tu risa en los ojos la luz del mundo.

Tu risa me hace libre, me pone alas. Vencedor de las flores y las alondras. Porvenir de mis huesos y de mi amor. Triste llevo la boca. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece cielo cernido. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes.

Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre. El amor es una manera triste de sofocar el grito. Un rumor llega de adioses de las islasdesmandadas; llueven veloces dardos desde arriba. La noche es el camino exclusivo del alba. Se muere de pie: Languidece, desencantada, en este cuento la princesa, y vuelve el rostro al encanto de ayer, pues es terrible estar a solas y conocer el secreto. Nuestra ignorancia es diferente. Nos recuerdo encerrados en tu cuarto, encendiendo velas de fogosidad efusiva.

Buscando la certeza entre tu cuerpo, sintiendo encontrar en tu cerco mi libertad. Tapando con tu contorno mis huecos, con tus virtudes mis faltas. Del poema viejo sale un olor a nunca fue. El cielo pasa mudo sobre versos que ya. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: Arrumo luas e ventos, todos os velhos instrumentos para enfrentar o sol e a tempestade, os rumos mais variados.

Este rayo ni cesa ni se agota: Era necesario un pasaporte. No aceptaron la respuesta. Tercer encuentro Cae la tarde; el sol anega en pardas nubes su luz; envuelta en negro capuz medrosa la noche llega. Pienso en esto no como quien piensa sino como quien respira. Algo que ayer fue lirio de mi fuente, frescura de mi noche, y suavemente luminar en mi senda florecida.

Me gusta decirte lo de siempre y mis manos adoran tu pelo y te estrecho, poco a poco, hasta mi sangre. A veces lo recuerdo. Y dormir no es vivir. Paz a los hombres. Bellas son al sonar, mas nunca duran. Con tu pincel de luz cierra tus ojos. La noche es larga, pero ya ha pasado. La paz, el descanso, han volado. Las campanadas no cesan flores y velas se vendenen las calles tumbas que seran adornadas con ellas en pocos dias marchitas como los cuerpos ahi postrados.

Le has demostrado al mundo que sabes vivir, ahora grita al viento que tambien sabras morir. Quiero que lo sepades luego de la primera Cuya es la ystoria, metervos en carrera: Ahora quisiera meditar, recogerme, olvidar: Hubiera sido necesario el viento. Con la tristeza de quien busca una pobre verdad en que apoyarse y descansar.

Oye mi Dios lo que digo que esta vida no la quiero que muero porque no muero. El pez que del agua sale aun de alibio no caresce que en la muerte que padesce al fin la muerte le vale. Yo hice esto, lo he olvidado Y recuerdo. La hilada de aparadura hace agua, las costuras necesitan calafateo. No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube, unos ojos perdidos, una sortija rota o una estrella pisoteada.

Porque yo los he visto: Porque yo los he tocado: Cerca del casco perdido de una botella, de una suela extraviada en la nieve, de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio. Cierro todas las puertas. Nunca soy capaz de terminarla.

Bajas e hirsutas eran las nubes en el cielo, como guedejas sobre unos ojos de anhelo. Andaban a saltos menudos y alzaban un vuelo inelegante. Unos hombrecillos deformes brotaban del suelo, en medio del sopor nocturno.

Yo no contaba otra amistad sino la de una mujer desconsolada, atenta a mi bien y a las memorias de un mundo superior. Todo ha nacido a ver. Sus virtudes renuevan sus mosaicos a tu alrededor, las virutas de pujanza Y enfermedad; pero ahora eres libre, incluso para llegar a ser humano, Pero nacido de la roca y el aire, no de un vientre de mujer. En una decadencia de hermosura, la vida se desnuda, y resplandece la excelsitud de su verdad divina.

Debajo de la hoja de la verbena tengo a mi amante malo. Debajo de la hoja de la lechuga tengo a mi amante malo con calentura. Debajo de la hoja del perejil tengo a mi amante malo y no puedo ir. Bajo este cielo azul todo florido de astros cada pupila siente que se ahonda el abismo y que ampliando sus formas tiene un florecimiento de estrellas y de cielos, como la inmensidad. Bajo el desnudo azul, luminoso de estrellas, se dignifica todo: La beatitud serena de la noche refresca las canciones de chapo sonoro de la fuente y en toda cosa humilde la santidad del cielo pone unciones de estrellas, pone besos de amor.

Nada es singular en el mundo: Entraba en el trabajo. Luego, llegaban las mujeres. He sido escarnecido y olvidado. Ya no comprendo la noche ni el canto de los muchachos sobre las praderas. Tierra incansable, firma la paz que sabes. Danos nuestra existencia a nosotros mismos. Bruscamente la tarde se ha aclarado Porque ya cae la lluvia minuciosa. La lluvia es una cosa Que sin duda sucede en el pasado. La mojada Tarde me trae la voz, la voz deseada, De mi padre que vuelve y que no ha muerto. Es aire, incesante viento, agua y arena.

Pandolfo bromeaba a menudo diciendo: Encontraba placer en todas las cosas, y sus ojos en todo se posaban. Si yo tuviera ingenio -que no tengo- en hablar, muy claro le hubiera dicho: Con una orden, todas acabaron al mismo tiempo sus sonrisas. Levantaos para contemplarla, podemos descender junto a nuestros amigos.

Ved aquel Neptuno que va sobre un caballo de mar. Una pintura no del todo vulgar: La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto.

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida. Tres mundos, encerrados en una casa donde escaleras seducen a los sin rostro para evitarse mutuamente en una eternidad ciega.

Tres espacios, cajas fuertes cerradas. La cresta es blanca y como blanca pura: Presiento una hermana en cada muchacha y en vano busco entre los hombres un hermano. Debemos inquietarnos por curar las simientes, por vendar corazones y escribir el poema que a todos nos contagie. Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso, gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo debajo de las latas con lo puesto y aullando y madres que a sus hijos no peinan a diario, y padres que madrugan y no van al teatro.

Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco. Con el coche cargado y lagrimas en mis ojos miro hacia atras viendo lo que dejo. En invernales horas, mirad a Carolina. Et je crois que voici venir la Passion. Hora de un costado al otro. Hora acicalada para el canto del gallo. Hora en que la tierra niega nuestros nombres. Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.

Fondo de todas las horas. Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada. Y que lleguen las cinco, si es que tenemos que seguir viviendo. Siempre es locura, el mirar las flores como racimos de uva ver las calles llenas de neblina, y ver a la gente con paso inconcluso, rebuscando silencios en los ruidos.

Sentir el dolor de otro como si fuera de uno mismo; ver la soledad como baja por tus brazos y atraparla con tus manos, para volver hacer un circuito cerrado. Locura es siempre, tratar de dialogar con las nubes y ver como un rayo baja comunicativo para encender labios carnosos en las primicias de una rosa blanca.

Altas yedras de sangre Abrazaban tus huesos. Estabas Como un astro sin brillo, Recibiendo del sol La luz de tu contorno. Una sombra en el clima del ojo es a medias su luz; el mar sondeado irrumpe sobre una tierra sin arpones. La semilla que del lomo hace una selva divide en dos su fruto; y la mitad se escurre lenta en un viento dormido.

Era de una elasticidad, De un resorte verdaderamente admirable: Quiero, a la sombra de un ala, Contar este cuento en flor: Lo imagino por lo blando y sonoro, el de virgen de aquellas que adorando murieron.

Como el de las estatuas es su mirar de suave y tienen los acordes de su voz, lenta y grave, un eco de las voces queridas que se fueron…. Es un silencio ondulado, un silencio, donde resbalan valles y ecos y que inclina las frentes hacia el suelo. A los cuarenta y cinco es bachillera, ganguea, pide y juega del vocablo; cumplidos los cincuenta, da en santera, y a los cincuenta y cinco echa el retablo.

Los dos vamos nadando -agua de flores o de hierro- por nuestras dobles vidas. Por momentos encarnamos el dolor de los altos cuerpos.

Abandonamos todas las velas al viento, los benditos trapos se hincharon hacia nubes afiebradas. Dios sea loado en el torrente, que hunda nuestro casco al sargazo y nos sumerja en el nuevo mar del cielo. Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, te pareces al mundo en tu actitud de entrega. Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. Pero cae la hora de la venganza, y te amo. Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! Ah las rosas del pubis!

Ah tu voz lenta y triste! Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, y la fatiga sigue, y el dolor infinito. Pues si es dura la mano del destino, Tu espalda es el altar donde me inclino Para llegar a Dios con mi plegaria. La cuna, casi en sombra. Y esta la abeja para la dulzura y este el cordero de la tibia lana y estos: Y esta la espiga que nos da la harina y esta la luz para la mariposa y esta la tarde donde el ave trina. Si no eres par, tampoco le has tenido: No puedo ser tu igual; que este decoro se debe a tus proezas y a tu fama, puesto que, como yo, perdiste el seso.

Pasamos por la vida en jaulas de cemento. Desnudos unas veces y otras veces vestidos. En trenes sin destino, en la papiroflexia del instante. Creo que es por el perfume de poemas incompletos O por los besos escondidos en una flor seca.

Reviso mis anhelos y me convenzo de lo eterno. No me importa el asma, no importa mojarme, todo vale con tal de vivir este temblor salpicando milagros. Parecido a la felicidad, algo indefinible pero que trasciende la vida misma, incluso la propia muerte. Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos y vientos inefables me dieron sus alas por un momento. Las Albas son desoladoras, toda luna es atroz y todo sol amargo: El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.

Descubiertos al ancho de los fuegos, de los lagos y eterno de las fresas, se quebraron despacio e intocables la bella y el invierno. Que coros de fuegos rezaron al centro del tambor, a Timanfaya y piel, y humedad de amarse largamente.

Que invadidos a las piedras extendieron semillas y ninfas por tragaluces. Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde. Los rayos del claro sol Sobre las aguas derraman Su sonriente fulgor: Choca la barca, deshecha En mil trozos por el mar.

Eran malos nadadores Mis amigos, por su mal, Y en las rocas de la patria Se vinieron a estrellar. Nuevos amigos contemplo Girar a mi alrededor: Cruje herido el maderamen, Que bate iracundo el mar. Desordenas un poco el dormitorio, canturreas cansada bajo el chorro, te pones el pijama que te presto. Si entre las cuatro paredes de la alcoba hay un espejo, ya no estoy solo.

Hay el reflejo que arma en el alba un sigiloso teatro. Por eso no alarman. Alicia desposada Era blanca la boda: La boda les cantaba por el cuerpo como un mar de conjuros.

De "Los versos del Eunuco" Maldita la piedra que la toalla guardaba. En las horas oscuras que van creciendo en nuestras vidas al igual que la noche se alarga en el invierno, en esas horas, a menudo, una imagen tenaz y hermosa me consuela. En las horas oscuras una imagen tenaz y hermosa me consuela, y me lleva al verano ya una tarde. El invierno se fue, pero nada se lleva.

El rencor hiere menos que el olvido. Nadie aborrece sin haber querido! Hasta que alguna vez los clavo con mis ojos en una cruz severa, y una herida sin sangre les descubro.

Con mi fuego dialoga tu distante fragancia, tu impasible blancura. Todos mis huesos cantan despiertos, dolorosos, el canto en que se queman, sin quemarte, en la sombra. Todo, menos su Dios, le pertenece al opulento sano y poderoso; y el pobre, miserable y haraposo, de todo excepto, de su Dios, carece. Los toros que van a morir esperan en su aprisco, ebrios de sol y de cansancio y de grasa. Dios dijo Dios dijo: Todo es de plomo ante sus ojos: Tostadito por el sol entre la arena gozando, lento, lento, caminando, va mi amigo el caracol.

Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma. Campo desde los cerros. Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! Abandona las murallas de los campos por la alfombra y ven a gozar la sombra de un bosque de pitahayas. Y el llanto de mi tristeza ya corre cansadamente como asoma lentamente la resina en la corteza. Reflexiona, por piedad, las palabras que te digo y ven a partir conmigo mi conuco y mi heredad.

Lo de siempre se puso a ser distinto: La muerte debe ser como un espejo donde uno mira y mira sin ver nunca. Que entre los dos no quepa ninguna muerte ni ninguna duda. Te hablo desde febrero y desde siempre: Alargaba la mano y te tocaba. Y yo quedaba fuera, en el dintel de siempre, prisionero de la celda exterior. Abrirte, como una flor, la infancia , y aspirar su esencia y devorarla. Hacer comunes humo y piedra.

Revocar el mandato de ser. Entrarnos uno en el otro. Una voz, en la calle, llama y otra le responde. Dos manos se entrelazan. Uno en otro, los labios se acomodan; los cuerpos se acomodan. Impaciente se derrama en las manos ofrecidas.

Una voz en la calle La tristeza, sedosa, nos envuelve como una niebla: Por fin te identifico con mis huesos en el candor de la desesperanza. Y alargaba la mano y te tocaba. No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos. Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas, y el amor se consuela prodigando su alma. Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos, y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.

Todo es algo que supe y por ello, por ti, permanezco en el Mundo. Ven castigo, ven si existes, ven, Carajo. Igualmente dos piernas acopladas al tronco: De perfil me embellecen un ojo y una oreja, media nariz, dos labios mitad sobre mitad.

Aunque, en verdad, no era necesario nada de esto, muchas gracias. Solo la fe, la esperanza que a la vida nos lanza daba fuerzas a mi amor. Cuando la mulata noche con sus higas de azabache, sale a estrellarse con todos lleno el rostro de lunares;. Los ojos puse en la luna, y vi que estaba en menguante, porque tuviese mi bolsa con quien poder consolarse.

De "La levedad del humo " Al fin la vida con la luz se aclara. Un puente de miradas donde se cruzan Y se separan. No el hondo goce Ni la dicha tersa De las desnudeces enlazadas: Sino que todo es, simplemente, una molestia, y que toda molestia ha de evitarse. Con gesto vas gastando la noche de tu cuerpo y yo te transparento: Bruscamente la tarde se ha aclarado porque ya cae la lluvia minuciosa.

La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado. La mojada tarde me trae la voz, la voz deseada, de mi padre que vuelve y que no ha muerto. Atan hebras sutiles a las cosas distantes; al acento lejano corresponde otro acento. Es un alma que canta y es un alma que llora. No te los doy, que tienen alas para volar La tristeza sin nombre de no tener que dar a quien lleva en la frente algo de eternidad Las cosas que se mueren no se deben tocar.

Cuerpo de la mujer o mar de oro donde, amando las manos, no sabemos si los senos son olas, si son remos los brazos, si son alas solas de oro Suena la soledad de Dios. Sentimos la soledad de dos. Y una cadena que no suena, ancla en Dios almas y limos. A Safo Porque eres canallesca, porque eres exquisita, y porque eres perversa, y porque eres fatal, mi carne pecadora tu carne necesita para libar las mieles de las flores del Mal.

El tejado manda su agua, los animales manchan sus alas con el color de piel que se hincha de aire. Comedor de raicillas blancas, aves enfermas, locomotora manca y vieja pule los rieles. En el firmamento piel se pone el sol de tus ojos, la madeja de tus miembros indolente se deshace.

No quiero que hongos ni sapos, Amor, te me asusten. De lejos velo tu viaje, Amor, hasta que regreses. Chola, por Ana Isabel Illueca. Hasta el agua que llena la tinaja nos habla de labor Yo conozco tu rancho: Si eres fea ya tienes esa suerte: No hay leyes para ti desde que hay clases Ciega, impasible muerte de tu boca. La gloria de tu aliento ya no evoca calientes rosas de esta tierra dura, sino la sombra y soledad futura de tus labios de mar.

Tendida en la madrugada, la firme guitarra espera: El son del querer maduro, tu son entero; el del abierto futuro, tu son entero; el del pie por sobre el muro, tu son entero. Siente que la traspasan las miradas y que se vuelve niebla entre los torpes brazos que intentan circundarla. Lo recuerdo como si fuera ahora: Cimbra, amor, tu silencio estremecido, dame tu boca, amor, que la he perdido, muere conmigo, amor, que ya estoy ciego.

En tus brazos de fieltro me someto al suplicio de tus besos de hielo. Repites los gestos conocidos y penetras mi cuerpo somnoliento. No tengo alma que vuele, cante o gima. Para el amor he muerto. Salgamos a la calle. Yo pienso en mi mujer: Pienso en ella, ciudad, y en el futuro nuestro: Tiembla la hojarasca a la espera del amante, como tiembla el olmo en la tormenta con cada embestida de viento; tiembla impaciente pero de pie espera.

Satisfecho -hijo del viento- descansas. De su arco invencible yo el juguete soy, pudiendo su tiro doblar el traidor. No oso acercar manos que tiemblan a la desnuda y yerma saudade de tu cuerpo.

En soledad, sin hombres y sin dioses. Hijo del campo, del sol y del potrero El machete es tu arma de combate: No hay un grito de angustia en esos labios secos Ese gotear constante que se cala en los huesos y adormece la carne lastimada con su golpear intenso No hay un grito de angustia en esos labios yertos. Eras luz y gavilla, plenitud en ti misma, rotunda como el mundo. Combando el cielo en olorosa tierra alza su nido el laborioso hornero, que convierte las pajas en lucero, y en miel, el barro que su pico aferra.

Suenan los cantos del labriego; cava la tarda yunta el surco postrimero. Su voz tristezas y consuelo vierte. Fina la piel, del lirio la blancura tiene el cuello, y una risa que perdura agoniza en la dulce boca inerte.

Ojos marinos, bucles que despeina el viento: En noviembre Al fondo de esta tarde de tormenta Nada huye del sabor a duelo En las nubes que pasan.

Yo estaba solo y miraba al mar con ojos ajenos. Mis ojos lloraban lentas gaviotas de pecho negro. De mar en mar se escuchaba el llanto del campanero.

Los dos quedamos al pie del mar que nunca sabremos: Ya nadie sabe quien soy y en cuanto soy, solo veo un mar que mira sin ver las hojas de un mar eterno.

Como un impulso, y nadie sabe si lo proporcionan las hormigas, las nubes de la noche, las yeguas locas. Como un enigma, y nadie sabe si le corresponde a Dios, al hombre , al polvo, resolverlo. Como un asombro, y nadie sabe si existe alguien para asombrarse, para ser feliz, para determinar las grandes desgracias. Mira los aires, alma solitaria, alma triste que sola vas gimiendo. La cima es alta.

Aleteante, temblorosa y blanca, te veo subir con retenido esfuerzo. Hoy llega el sol donde hasta ayer la luna. Llega la luna donde ayer el cierzo. Al fin la muerte con la luz ya se muerto. Vida con vida, luz con luz amada, y cielo, humano, en el amor, con Cielo.


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